Cuando los daños causados por un trabajador son consecuencia de una actividad encomendada por la empresa para la que trabaja, ésta deberá también hacerse cargo de resarcir al perjudicado. Así, el empresario no solo responde frente a terceros por las obligaciones contractuales contraídas por sus trabajadores, sino que también deberá hacerlo respecto de los daños y perjuicios que estos puedan ocasionar desempeñando sus funciones.

En estos supuestos es de aplicación la llamada responsabilidad extracontractual por hecho ajeno (regulada en el artículo 1903 del Código Civil). Esta figura determina que, en determinadas situaciones, es obligatorio reparar el daño por los actos y omisiones realizados por aquellas personas con las que exista una relación jerárquica o de dependencia (como la que se da entre la empresa o los dueños de un establecimiento, respecto de sus empleados).

A través de sus resoluciones, los juzgados y tribunales han sido los encargados de definir las situaciones concretas en las que se puede exigir responsabilidad a un empresario por los daños provocados por sus trabajadores.

En este sentido, el Tribunal Supremo por ejemplo ha determinado que la responsabilidad de la empresa surge cuando esta «incumpla los deberes de vigilar a las personas y a las cosas que están bajo su dependencia y de emplear la debida cautela en la elección de servidores y en la vigilancia de sus actos”. Por tanto, si se demuestra que ha aplicado la diligencia debida en ambos cometidos, se le eximirá de responsabilidad.

Incluso la empresa puede ser declarada responsable a pesar de que no exista esa relación de dependencia directa con el empleado que haya causado un perjuicio con su actuación. Del mismo modo si una persona es víctima de una mala praxis por parte del personal de una clínica a la que ha sido derivada por su seguro de asistencia sanitaria, la entidad aseguradora también es responsable.

Otro requisito indispensable para dirigir la reclamación hacia el empresario es que los daños causados por sus empleados se produzcan como consecuencia de las tareas encomendadas en el ejercicio de su cargo. Por otro lado no es excusa, a efectos de responsabilidad del empresario, que se desconozca qué empleado causó el daño.

La empresa tampoco se libra de asumir su responsabilidad cuando la actividad que desarrolle su empleado tenga un especial riesgo. De hecho, en una sentencia el Tribunal Supremo declaró que una empresa de formación que impartía un curso de piloto comercial estaba obligada a indemnizar a los padres de un alumno fallecido en accidente.

En resumen podemos decir que la empresa es responsable si:

  • Existe una relación jerárquica, es decir, si el vínculo entre los dueños o directores de un establecimiento o empresa respecto de sus trabajadores es de dependencia.
  • El daño deriva de una tarea asignada. Cuando por ejemplo el trabajador provoca un perjuicio a un tercero durante el desarrollo de las funciones asociadas a su cargo que le han sido encomendadas por su superior y, en último término, por la propia empresa.
  • La vigilancia es insuficiente. El empresario ha de poner los medios necesarios y adecuados para evitar posibles daños como consecuencia de las tareas realizadas por sus trabajadores en la prestación del servicio.

*Fuente de la información ‘Cinco Días’.

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